En 1228, Fernando III devastó las huertas de Jaén y luego, remontando el río de Jaén y el Frío, llegó a un lugar que antiguamente se llamaba Arorimar.
Otíñar debía ser un simple núcleo rural dotado de ciertas defensas de tierra y madera de las que han quedado vestigios a todo lo largo del escarpe del cerro, frente al castillo actual. Propiciaría la existencia de este núcleo la estrecha pero fértil vega del Valdearazo y la abundante caza del sector.
También, Otíñar vigilaba uno de los portillos del sistema subbético que comunican Jaén con Granada. Era el centinela del camino de Granada.
A raíz del Pacto de Jaén (1246), Otíñar cobró importancia al quedar cerca de la frontera. Vigilaba la bifurcación del camino viejo de Granada que venía de Cárchel y Carchelejo para desembocar en el río por la cañada de las Azadillas.
Por las Ordenanzas de 1464 sabemos que la alcaldía de Otíñar estaba dotada con 8.000 maravedís anuales y tenía la obligación de tener en el castillo "tres hombres como mínimo que serían menester para la guardia y defensa del castillo y de los dos que estuviesen de continuo en el dicho castillo sin salir de él por ninguna cosa y de otro que fuese y viniese a la ciudad y saliese a cazar carne para comer".
Después de la conquista de Granada el castillo perdió su función fronteriza y la vía que vigilaba dejó de utilizarse al abrirse una nueva remontando el Guadalbullón.
Al acabar la reconquista se abandonó, liquidándose administrativamente la población y agregándose la Alcaldía al Castillo de Santa Catalina y su parroquia a la del Salvador, en el mismo castillo.
En 1505 Otíñar se describe como villa cercada de buen muro de cal y canto, con una fortaleza. Se quiso repoblar el lugar, pero los intentos fracasaron.
Está íntimamente ligado a la que fue la Aldea de Santa Cristina (Otiñar).
Que bonitas fotos ¡¡¡ y la descripción del lugar !!!
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